Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Hasta ese momento las irregularidades del suelo nos habían ocultado el mar, salvo a breves intervalos, y cuando lo vimos claramente por primera vez se hallaba a unas doscientas yardas de distancia. Al desembocar en la playa, descubrimos con profunda desesperación una inmensa muchedumbre de nativos procedentes del poblado y de todas las partes visibles de la isla, que avanzaban hacia nosotros mientras gesticulaban furiosamente y aullaban como bestias salvajes. Nos disponíamos a girar sobre nuestros pasos y tratar de refugiarnos en las fragosidades del terreno rocoso, cuando descubrí la proa de dos canoas que sobresalían por detrás de una ancha roca que avanzaba en el mar.
Corrimos hacia ellas a toda velocidad y descubrimos que no estaban custodiadas; su única carga la constituían tres grandes tortugas galápagos y los remos para sesenta remeros. Nos apoderamos instantáneamente de una de ellas y, luego de obligar a nuestro cautivo a embarcarse, remamos mar afuera con todas nuestras fuerzas.