Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Hasta aquel momento habíamos notado que el Antártico, al igual que el Artico, no estaba sujeto a violentos temporales ni tenía un oleaje excesivamente bravo; pero de todos modos nuestra canoa era fragilísima, a pesar de su gran tamaño, y nos pusimos de inmediato a la tarea de reforzarla con los reducidos medios a nuestra disposición. La embarcación había sido construida con la corteza de un árbol desconocido y tenía cuadernas de sólido mimbre, muy bien adaptado a su finalidad. El largo total de la canoa era de unos cincuenta pies, su ancho de cuatro a seis y la profundidad de cuatro y medio; la forma y el aspecto diferían grandemente de los de las canoas que emplean las poblaciones conocidas de los océanos australes. Ni por un momento pensamos que fuera obra de los ignorantes isleños que las utilizaban, y algunos días más tarde, al interrogar a nuestro cautivo, supimos que habían sido construidas por los nativos de una región situada al sudeste de la isla donde las encontramos, y que habían caído accidentalmente en manos de aquellos bárbaros.