Narracion de Arthur Gordon Pym

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Durante las fatigosas veinticuatro horas siguientes nadie vino en mi auxilio, y no pude menos de acusar mentalmente a Augustus por el más grosero de los descuidos. Lo que me alarmaba sobre todo era que el agua de mi cántaro estaba reducida a media pinta, y que lo mucho que había comido de las salchichas de Bolonia, luego de la pérdida del carnero, me había producido una intensa sed. Me sentí muy intranquilo y ya no pude interesarme por los libros. Me dominaba asimismo el deseo de dormir, pero temblaba a la sola idea de entregarme al sueño, pensando que en la enrarecida atmósfera de la bodega podía haber emanaciones de carbón de leña. Entretanto, los rolidos del bergantín me probaban que nos hallábamos en alta mar, y un apagado zumbido que llegaba como desde una inmensa distancia parecía indicar que soplaba un viento de fuerza poco común. Imposible me era imaginar las razones de la ausencia de Augustus. No cabía duda de que el viaje estaba ya lo bastante avanzado como para permitirme aparecer en cubierta. Quizá le hubiera ocurrido algún accidente, pero no alcanzaba a concebir ninguno que lo forzara a mantenerme tanto tiempo prisionero, a menos que hubiera muerto repentinamente, o caído por la borda; pero rechazaba impacientemente esta última idea. Quizá hubiéramos encontrado vientos desfavorables y nos halláramos todavía en las vecindades de Nantucket. Esta idea, sin embargo, no resistía al examen; de haber sido exacta, el bergantín hubiera virado frecuentemente de bordo y, por la continua inclinación a babor que mantenía, era evidente que navegaba con viento constante de estribor. Además, suponiendo que aún nos halláramos en las proximidades de la isla, ¿por qué no venía Augustus a informarme de esa circunstancia? Meditando así en las dificultades de mi solitaria y lúgubre situación, me resolví a esperar otras veinticuatro horas, tras de las cuales, si no me llegaba auxilio, me abriría camino hasta la trampa tratando de ponerme al habla con mi amigo, o por lo menos respiraría unas bocanadas de aire puro y obtendría una provisión de agua fresca del camarote.


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