Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Si mil vidas hubieran dependido del movimiento de uno de mis miembros o de la pronunciación de una palabra, no habrÃa sido capaz de moverme ni hablar. La bestia, fuera lo que fuese, se mantenÃa sobre mà sin intentar por el momento ninguna violencia, mientras me hallaba tendido en la más indefensa de las situaciones y al borde de la muerte irremisible. Sentà que mis facultades fÃsicas y mentales me abandonaban, que me estaba muriendo, y que me morÃa de puro terror. Mi cerebro era un torbellino, me sentÃa presa de la más horrible náusea, perdÃa la vista, y hasta aquellas fulgurantes pupilas al lado de mi cara se tornaban confusas. Con un último y vehemente esfuerzo alcancé a encomendarme débilmente a Dios, y me resigné a perecer. El sonido de mi voz pareció despertar la furia latente del animal. Precipitóse de lleno sobre mÃ, pero… ¡cuál no serÃa mi sorpresa cuando, después de un profundo y ahogado gemido, comenzó a lamerme la cara y las manos con la mayor solicitud, con las más extravagantes demostraciones de cariño y de alegrÃa! Me sentà presa de un vértigo, envuelto en un inexpresable asombro…, pero no podÃa dejar de reconocer la especial manera de gemir de mi terranova Tigre y la rara manera que tenÃa de acariciarme. SÃ, era él. Sentà que la sangre se me agolpaba bruscamente en las sienes, en un vertiginoso y subyugante sentimiento de liberación y renacimiento. Me enderecé precipitadamente del colchón en el cual yacÃa y, arrojándome al cuello de mi fiel seguidor y amigo, alivié la prolongada opresión de mi pecho en un torrente de conmovidas lágrimas.