Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Tal como en la ocasión precedente, mis pensamientos eran muy confusos en el momento de despertar. Durante largo rato fui incapaz de relacionar las ideas; pero, poco a poco, recobré la facultad de pensar y volvà a pasar revista a los diversos incidentes de mi situación. Inútilmente traté de explicarme la presencia de Tigre y, después de descartar mil conjeturas, tuve que contentarme con la alegrÃa de que se hallara junto a mÃ, compartiendo tan terrible soledad y confortándome con sus caricias. Mucha gente ama a sus perros, pero yo tenÃa por Tigre un afecto que excedÃa lo normal; la verdad es que jamás criatura alguna lo mereció tanto. Durante siete años habÃa sido mi compañero inseparable y en multitud de ocasiones dio pruebas de las nobles cualidades que distinguen a su raza. Lo habÃa salvado, siendo cachorro, de las garras de un malvado mozalbete de Nantucket que, luego de echarle una cuerda al cuello, lo arrastraba al agua para ahogarlo; y cuando creció, saldó su cuenta unos tres años más tarde, al salvarme del garrote de un salteador callejero.