Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Al principio, Augustus me llamó en voz baja, sin cerrar la trampa, pero como no le contestara la cerró y se puso a llamar con más fuerza, y finalmente a gritos, sin que yo cesara por eso de roncar. Mi amigo se sintió entonces muy perplejo. Llegar hasta mi refugio le llevaría un rato, a causa de las vueltas y revueltas entre la carga, y entretanto el capitán Barnard podía reparar en su ausencia, ya que de continuo requería su ayuda para que le ordenara y copiara documentos relacionados con los negocios del viaje. Por eso, luego de reflexionar, Augustus decidió volverse y esperar una nueva oportunidad para visitarme. No le costó mucho resolverse, ya que mi sueño parecía de los más normales, y nada le hacía sospechar que hubiese tenido algún inconveniente desde el comienzo de mi encierro.
No había terminado de decidirse cuando su atención se vio reclamada por unos ruidos insólitos que parecían venir de la cámara. Luego de ascender con toda la rapidez posible y de cerrar nuevamente la trampa, corrió a abrir la puerta de su camarote. Pero apenas había puesto el pie en el umbral cuando un tiro de pistola estalló casi en su cara, y en el mismo instante fue derribado por un golpe de palanca.