Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias A semejanza de las olas en torno de las islas Hébridas, los árboles están allà en perpetua agitación, y no obstante, no sopla viento alguno en el cielo. Los enormes árboles primitivos se balancean continuamente, cediendo a otro lado, con un estrépito impresionante. Y de sus altas copas, llorando gota a gota, se filtra un inacabable rocÃo. Extrañas flores venenosas se retuercen a sus pies en un perpetuo duermevela. Y sobre sus copos, provocando un suave eco, nubes de plomo se precipitan hacia el Oeste, hasta que como una catarata se vierten detrás del muro ardiendo del horizonte. Pero a pesar de ello, repito, no hay fuerte viento, y a ambas orillas del Zaire, no existe el silencio ni la calma.
Era de noche y caÃa la lluvia. Y cuando caÃa, era lluvia; pero, caÃda ya, dijérase sangre.
Encontrábame en medio de la marisma, y cerca de los nenúfares gigantescos, y caÃa la lluvia sobre mi cabeza, en tanto suspiraban los nenúfares. El cuadro era de una desolación solemne.