Dias de lectura
Dias de lectura Y para que el milagro se reproduzca sólo tenemos que acercar los labios al artefacto mágico y llamar —durante mucho tiempo a veces, hay que reconocerlo— a las VÃrgenes Prudentes cuya voz escuchamos cada dÃa sin llegar a conocer su rostro y que son nuestros ángeles guardianes en estas tinieblas vertiginosas cuyas puertas vigilan celosamente, las Omnipotentes que hacen surgir los rostros ausentes cerca de nosotros, sin que los podamos ver; sólo tenemos que llamar a estas Danaides de lo Invisible que, sin cesar, vacÃan, llenan, trasladan las urnas oscuras de los sonidos, las Furias celosas que, mientras murmuramos una confidencia a una amiga, gritan irónicas «¡estoy escuchando!» en el momento en el que esperábamos no ser oÃdos de nadie, esas servidoras irritadas del Misterio, Divinidades implacables, ¡las Damas del Teléfono! Y en cuanto su llamada resuena en la noche colmada de apariciones y ante la que se abren nuestros oÃdos, un ruido ligero, un ruido abstracto —el de la supresión de la distancia— y la voz de nuestra amiga se dirige a nosotros.