La fugitiva
La fugitiva Y, sin embargo, si bien no podemos —antes de volver a la indiferencia de la que partimos— dejar de recorrer en sentido contrario las distancias que habÃamos atravesado para llegar al amor, el trayecto, la lÃnea, que seguimos no son forzosamente los mismos. Tienen en común no ser directos, porque el olvido avanza tan poco regularmente como el amor, pero no necesariamente siguen las mismas vÃas y en la que yo seguà al regreso hubo, ya muy cerca de la llegada, cuatro etapas que recuerdo en particular, seguramente porque en ellas vi cosas que no formaban parte de mi amor a Albertine o que al menos estaban relacionadas con él tan sólo en la medida en que lo que ya habÃa en nuestra alma antes de un gran amor se asocia con él, ya sea alimentándolo, combatiéndolo o haciendo con él, para nuestra inteligencia analizadora, contraste e imagen.