La fugitiva
La fugitiva De modo, que ya no podÃa yo creer en una homonimia. HabrÃa sido demasiada casualidad que de aquellas tres muchachas una se llamara Srta. d’Éporcheville, que fuese precisamente —lo que constituÃa una primera verificación tópica de mi suposición— la que me habÃa mirado de aquel modo, casi sonriéndome, y que no fuera la que iba a las casas de citas.