La fugitiva
La fugitiva También le gustaba hablar del prÃncipe de Agrigento y del Sr. de Bréauté por otra razón. El prÃncipe de Agrigento lo era por herencia de la casa de Aragón, pero su señorÃo es de Poitou. En cuanto a su castillo, aquel al menos en el que residÃa, no era un castillo de su familia, sino de la familia de un primer marido de su madre y estaba situado a la misma distancia más o menos de Martinville y de Guermantes. Por eso Gilberte hablaba de él y del Sr. de Bréauté como de vecinos del campo que le recordaban a su antigua provincia. Materialmente, habÃa una parte de mentira en aquellas palabras, ya que habÃa sido sólo en ParÃs —y por mediación de la condesa Molé— donde habÃa conocido al Sr. de Bréauté, viejo amigo, por lo demás, de su padre. En cuanto al placer de hablar de los alrededores de Tansonville, podÃa ser sincero. Para ciertas personas, el esnobismo es análogo a esas bebidas agradables en las que se mezclan substancias útiles. Gilberte se interesaba por determinada mujer elegante porque tenÃa libros soberbios y cuadros de Nattier que mi antigua amiga seguramente no habrÃa ido a ver a la Biblioteca Nacional del Louvre y me imagino que, pese a la proximidad mayor aún, la atractiva influencia de Tansonville se ejerció menos —en el caso de Gilberte— en la Sra. Sazerat o en la Sra. Goupil que en el Sr. de Agrigento. «¡Oh! Pobre Babal y pobre Gri-Gri», dijo la Sra. de Guermantes, «están mucho más enfermos que Du Lau y temo que no les quede mucho tiempo ni a uno ni a otro».