La fugitiva
La fugitiva Otra persona en la que la labor del olvido en lo relativo a Albertine se consumó probablemente con mayor rapidez en aquella época y de paso me permitió darme cuenta un poco más adelante de un nuevo avance que dicha labor había hecho en mí (y se trata de mi recuerdo de una segunda etapa antes del olvido definitivo) fue Andrée. En efecto, no puedo presentar el olvido de Albertine como causa —si no única, si no principal incluso, al menos condicionante y necesaria— de una conversación que Andrée tuvo conmigo unos seis meses después de aquella que he relatado y en la que sus palabras fueron tan diferentes de lo que me había dicho la primera vez. Recuerdo que fue en mi habitación, porque en aquel momento sentía placer en tener semirrelaciones carnales con ella, por el carácter colectivo que había tenido al comienzo y que volvía a cobrar ahora mi amor a las muchachas de la panda, durante mucho tiempo indiviso entre ellas y por un momento asociado únicamente a la persona de Albertine, durante los últimos meses que habían precedido y seguido a su muerte.