La fugitiva
La fugitiva Con la curiosidad de saber a qué mujer se dirigÃa aquel diluvio de poemas, abrà —aun a riesgo de retrasar por un instante mi urgente visita a Andrée— la puerta. Estaba recitándolos el Sr. de Charlus a un militar, en quien reconocà en seguida a Morel y que partÃa para el perÃodo de ejercicios de reservista. Este último ya no tenÃa buenas relaciones con el Sr. de Charlus, pero volvÃa a verlo de vez en cuando para pedirle un favor. El Sr. de Charlus, que por lo general daba al amor una forma más masculina, tenÃa también sus momentos de languidez. Por lo demás, en su infancia, para poder comprender y sentir los versos de los poetas, se habÃa visto obligado a suponerlos dirigidos —no a una bella infiel, sino— a un joven. Me separé de ellos lo antes que pude, si bien noté que hacer visitas con Morel era una inmensa satisfacción para el Sr. de Charlus, quien asà sentÃa por un instante la ilusión de haber vuelto a casarse y, por lo demás, al esnobismo de las reinas sumaba el de los sirvientes.