La fugitiva
La fugitiva Las personas de la alta sociedad que no habían prestado la menor atención a Gilberte me dijeron con expresión profundamente interesada: «¡Ah! Es la que se casa con el marqués de Saint-Loup», y le lanzaban la mirada atenta de quienes no sólo se pirran por los acontecimientos de la vida parisina, sino que, además, intentan instruirse y creen en la profundidad de su mirada. En cambio, las que sólo habían conocido a Gilberte miraron a Saint-Loup con extrema atención, me pidieron (con frecuencia personas que apenas me conocían) que se lo presentara y volvían de la presentación al novio engalanadas con los gozos de la festividad y me decían: «Tiene muy buen aspecto». Gilberte estaba convencida de que el nombre de marqués de Saint-Loup era mil veces más grande que el de duque de Orleáns, pero, como ante todo pertenecía a una generación muy ocurrente (y bastante igualitaria), no quiso parecer dotada de menos ingenio que los demás y se aficionó a decir mater semita, a lo que añadía, para parecer de lo más ingeniosa: «En cambio, en mi caso es mi pater».