La fugitiva

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La persona que menos se benefició de aquellas dos uniones fue la joven Srta. de Oloron, quien, afectada ya por la fiebre tifoidea el día de la boda religiosa, se arrastró a duras penas hasta la iglesia y murió unas semanas después. Unos meses después de su muerte, en la esquela de defunción se mezclaban nombres como el de Jupien con casi todos los más grandes de Europa, como los del vizconde y la vizcondesa de Montmorency, S.A.R. la condesa de Bourbon-Soissons, el príncipe de Módena-Este, la vizcondesa de Edumea, Lady Essex, etcétera, etcétera. Seguramente, incluso para quien sabía que la difunta era la sobrina de Jupien, el número de todas aquellas alianzas no podía sorprender. En efecto, todo estriba en tener una gran alianza. Entonces, al entrar en juego el casus foederis, la muerte de la plebeyita deja de luto a todas la familias principescas de Europa, pero muchos jóvenes de las nuevas generaciones y que no conocían las situaciones reales, además de que podían confundir a Marie-Antoinette d’Oloron, marquesa de Cambremer, con una señora de la más alta alcurnia, habrían podido cometer muchos otros errores, al leer aquella esquela. Así, por poco que sus recorridos por Francia les hubieran hecho conocer un poco el país de Combray, al ver que la Sra. L. de Méséglise y el conde de Méséglise figuraban entre los primeros y muy cerca del duque de Guermantes, habrían podido no sentir asombro alguno; la parte de Méséglise y la de Guermantes se tocan. «Vieja nobleza de la misma región, tal vez aliada durante generaciones», habrían podido decirse. «¿Quién sabe? Tal vez sea una rama de los Guermantes que lleva el nombre de condes de Méséglise». Ahora bien, el conde de Méséglise nada tenía que ver con los Guermantes y ni siquiera pertenecía a la parte de Guermantes, sino a la de Cambremer, ya que el conde de Méséglise, quien gracias a un avance rápido sólo había permanecido dos años como Legrandin de Méséglise, era nuestro viejo amigo Legrandin. Título falso por título falso, seguramente había pocos que hubieran podido resultar tan desagradables a los Guermantes como ése. En tiempos habían estado aliados con los verdaderos condes de Méséglise, de los que sólo quedaba una mujer, hija de personas obscuras y degradadas, casada, a su vez, con un gran arrendatario de mi tía, quien le había comprado Mirougrain y, por llamarse Ménager, se hacía llamar ahora Ménager de Mirougrain, por lo que, cuando se decía que su mujer había nacido en Méséglise, se pensaba que debía de haberse llamado de soltera De Méséglise y que era tan de Méséglise como su marido de Mirougrain.


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