La fugitiva
La fugitiva Ay, el pájaro que huye de lo que considera esclavitud,
De noche vuelve, la mayorÃa de las veces, con vuelo
desesperado a llamar a la vidriera,
y la muerte de Manon:
¡Manon, respóndeme! / Único amor de mi alma,
¡Hasta hoy no he comprendido la bondad de tu corazón!
Puesto que Manon volvÃa con Des Grieux, me parecÃa que yo era para Albertine el único amor de su vida. Por desgracia, es probable que, si ella hubiera oÃdo en aquel momento la misma tonada, no habrÃa sido —¡ay!— a mà a quien habrÃa querido bajo el nombre de Des Grieux y, si simplemente se le hubiese ocurrido esa idea, mi recuerdo le habrÃa impedido enternecerse al escuchar aquella música, pese a que correspondÃa muy bien —si bien estaba mejor escrita y era más fina— al estilo de la que le gustaba.