La fugitiva
La fugitiva Pero, en resumidas cuentas, la carta de Albertine no adelantaba nada la situación. Sólo me hablaba de escribir al concesionario. Había que salir de aquella situación, precipitar los acontecimientos y se me ocurrió la idea siguiente. Mandé llevar inmediatamente una carta a Andrée, en la que le decía que Albertine estaba en casa de su tía y me sentía muy solo, que, si venía a instalarse en mi casa unos días, me daría un placer inmenso y, como no quería andarme con secretos, le rogaba que se lo avisara a Albertine y al mismo tiempo escribí a Albertine, como si no hubiera recibido aún su carta: