La fugitiva
La fugitiva Amiga mÃa, perdóname lo que entenderás perfectamente: detesto tanto los secretos, que he querido que tanto ella como yo te avisáramos. Tras haberte tenido tan agradablemente en mi casa, me he habituado a no estar solo. Puesto que hemos decidido que tú no volvieras, he pensado que la persona que mejor te substituirÃa, porque gracias a ella el cambio serÃa mÃnimo, la que me recordarÃa más a ti, serÃa Andrée y le he pedido que venga. Para que todo eso no parezca demasiado brusco, le he hablado sólo de unos dÃas, pero, dicho sea entre nosotros, creo que esta vez es para siempre. ¿Te parece acertada mi decisión? Como sabes, vuestro grupito de muchachas de Balbec siempre ha sido la célula social que ha ejercido en mà el mayor prestigio, al que tuve la máxima fortuna de poder sumarme un dÃa. Seguramente se nota aún la influencia de dicho prestigio. Puesto que la fatalidad de nuestros caracteres y la desventura de la vida han querido que mi amada Albertine no pudiera ser mi mujer, creo que tendré, de todos modos, una mujer —menos encantadora que ella, pero a la que un carácter más compatible tal vez permita ser más feliz conmigo— en Andrée.