La fugitiva
La fugitiva ¿La supresión del sufrimiento? ¿Pude creerlo jamás de verdad? ¿Creer que la muerte no hace sino borrar lo que existe y dejar lo demás tal como está, que suprime el dolor en el corazón de aquel para quien la existencia del otro ya no es sino una causa de dolores, que se lleva el dolor y no pone nada en su lugar? ¡La supresión del dolor! Al repasar los sucesos en los periódicos, lamentaba no tener valor para formular el mismo deseo que Swann. Si Albertine hubiera podido ser vÃctima de un accidente, habrÃa yo tenido —en caso de que hubiese salvado la vida— un pretexto para correr junto a ella y —de haber muerto— habrÃa recuperado, como decÃa Swann, la libertad para vivir. ¿Me lo creÃa? Él, aquel hombre tan fino y que creÃa conocerse bien, lo habÃa creÃdo. ¡Qué poco sabemos lo que abrigamos en el corazón! ¡Cómo habrÃa podido yo, un poco más adelante, si hubiese seguido con vida, hacerle saber que su deseo, además de criminal, era absurdo, que la muerte de aquella a la que amaba no lo habrÃa librado de nada!