La prisionera

La prisionera

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Si no había la menor afectación, la menor voluntad de fabricar un lenguaje propio, esa forma de hablar era un auténtico museo de historia de Francia mediante la conversación. «Mi tío abuelo Fitt-jam» no resultaba extraño, pues sabido es que los Fitz-James proclaman que son grandes señores franceses y no quieren que se pronuncie su nombre a la inglesa. Por lo demás, resultaba admirable la conmovedora docilidad con que personas que habían creído hasta entonces deber aplicarse para pronunciar gramaticalmente ciertos nombres, se atenían de pronto —tras haber oído a la duquesa de Guermantes decirlos de otro modo— a la pronunciación que no habían podido sospechar. Así, la duquesa, como un bisabuelo suyo había estado junto a Chambord, gustaba —para pinchar a su marido por haberse vuelto orleanista— de proclamar: «Nosotros, los viejos de Frochedorf». El visitante que había creído acertar al decir hasta entonces «Frohsdorf» cambiaba de casaca a toda prisa y no cesaba de decir «Frochedorf».







👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker