La prisionera

La prisionera

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Volviendo a la pronunciación y al vocabulario de la Sra. de Guermantes, con esa faceta es con la que la nobleza se muestra en verdad conservadora, con todo lo que da a esa palabra un cariz un poco pueril, un poco peligroso, refractario a la evolución, pero también divertido para el artista. Yo quería saber cómo se escribía en otro tiempo la palabra Jean. Lo supe al recibir una carta del sobrino de la Sra. de Villeparisis, quien firma —como lo bautizaron y figura en el Gotha— Jehan de Villeparisis, con la misma —y hermosa— h inútil, heráldica, tal como la admiramos, coloreada de bermellón o de azul de ultramar, en un libro de horas o en una vidriera.

Por desgracia, yo no tenía tiempo de prolongar indefinidamente aquellas visitas, pues no quería, en la medida de lo posible, volver después que mi amiga. Ahora bien, nunca podía obtener de la Sra. de Guermantes, salvo con cuentagotas, las informaciones sobre sus atuendos que me resultaban útiles para encargar atuendos del mismo estilo —en la medida en que una muchacha puede llevarlos— para Albertine.





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