La prisionera

La prisionera

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Por ejemplo, señora mía, el día en que iba usted a cenar en casa de la Sra. de Saint-Euverte antes de ir a casa de la princesa de Guermantes, llevaba usted un vestido totalmente rojo, con zapatos rojos, estaba usted insólita, parecía como una gran flor de sangre, un rubí en llamas, ¿cómo se llamaba? ¿Podría ponérselo una muchacha?».

La duquesa, infundiendo a su rostro cansado la radiante expresión que ponía la princesa Des Laumes cuando Swann le hacía cumplidos en tiempos, miró riéndose hasta saltársele las lágrimas, con aire burlón, inquisitivo y embelesado, al Sr. de Bréauté, quien siempre estaba allí a aquella hora y hacía templar bajo su monóculo una sonrisa indulgente por aquel guirigay del intelectual, dada la exaltación física de joven que le parecía ocultar. La duquesa parecía decir: «¿Qué le pasa? Está loco». Después, volviéndose hacia mí con expresión mimosa: «No sabía yo que pareciese un rubí en llamas o una flor de sangre, pero recuerdo, en efecto, que tuve un vestido rojo: era de raso rojo, como el que se hacía en aquella época. Sí, una muchacha puede llevarlo, si no hay más remedio, pero me había dicho usted que la suya no salía de noche. Es un vestido de gran gala, no puede ponérselo para hacer visitas».



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker