La prisionera
La prisionera Tal vez llegue un dÃa en que las costureras entren —y en modo alguno me chocarÃa— en la alta sociedad. Como la sobrina de Jupien era una excepción, no podemos preverlo aún, pues una golondrina no hace verano. En todo caso, si bien la modestÃsima posición de la sobrina de Jupien escandalizó a algunas personas, no fue a Morel, pues en ciertos sentidos su necedad era tan grande, que consideraba «bastante tonta» a aquella joven mil veces más inteligente que él, tal vez sólo porque lo amaba, pero, además, él suponÃa que quienes la recibÃan eran aventureras, subcostureras disfrazadas, que se las daban de señoras y de cuyo trato no se jactaba. Naturalmente, no eran unas Guermantes ni personas que los conociesen siquiera, sino burguesas ricas, elegantes, de mentalidad lo bastante libre para no considerar una deshonra recibir a una costurera y lo bastante esclava para sentir cierta satisfacción al proteger a una muchacha a la que Su Alteza el barón de Charlus iba a ver —con el mejor propósito— todos los dÃas.