Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Violante se enamoró, es decir, que un joven inglés que se llamaba Lorenzo fue durante varios meses el objeto de sus pensamientos más insignificante, el objetivo de sus acciones más importantes. HabÃa cazado una vez con él y no comprendÃa. por qué el deseo de volver a verlo sujetaba su pensamiento, la llevaba a los caminos de su encuentro, alejaba el sueño de ella, destruÃa su reposo y su felicidad. Violante estaba enamorada y fue desdeñada. Lorenzo amaba el mundo; ella lo amó para seguirlo. Pero Lorenzo no tenÃa miradas para esa campesina de veinte años. Enfermó de pena y de celos, fue para olvidar a Lorenzo, a las Termas de…, pero seguÃa herida en su amor propio por no haber sido preferida entre tantas mujeres que no valÃan lo que ella y decidida a emplear, para triunfar de ellas, todas sus ventajas.
—Te dejo, mi buen AgustÃn, para ir a la corte de Austria.
—Te dejo, mi buen AgustÃn, para ir a la corte de Austria. —Dios nos guarde de ello —dijo AgustÃn—. Los pobres de la región ya no se verán consolados por vuestras caridades cuando estéis en medio de tantas personas malvadas. Ya no jugaréis con nuestros niños en los bosques. ¿Quién atenderá el órgano de la iglesia? Ya no os veremos pintar en el campo, ya no compondréis más canciones.