Los placeres y los dias
Los placeres y los dias —No lo inquietes, AgustÃn, consérvame hermosos y fieles mi castillo y mis campesinos de Styria. El mundo sólo constituye un medio para mÃ. Proporciona armas vulgares pero invencibles y si algún dÃa quiero ser amada, tengo que poseerlas. También me lleva una curiosidad y como una necesidad de una vida algo más material y menos meditativa que ésta. Es a un tiempo un descanso y una escuela lo que quiero. En cuanto hayas logrado mi posición y terminen mis vacaciones, dejaré la sociedad por el campo, nuestra buena gente sencilla y lo que prefiero a todas las cosas, mis canciones. En un momento preciso y próximo, me detendré sobre esa pendiente y volveré a nuestra Styria, para vivir junto a ti, querido mÃo.
—¿Podréis hacerlo?
—Uno puede lo que quiere.
—Pero ya no querréis quizás lo mismo.
—¿Por qué? —preguntó Violante.
—Porque habréis cambiado —dijo AgustÃn.
CAPITULO IV LO MUNDANO