Los placeres y los dias

Los placeres y los dias

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Las personas en sociedad son tan mediocres que Violante sólo tuvo que dignarse alternar con ellas para eclipsarlas a casi todas. Los más inaccesibles hidalgos, los artistas más solitarios se le acercaron y la cortejaron. Sólo ella tenía ingenio, buen gusto, un andar que despertaba la idea de todas las perfecciones. Lanzó comedias, perfumes y vestidos. Los modistos, los escritores, los peinadores mendiga con su protección. La modista más célebre de Austria le pidió autorización para titularse su proveedora, el más ilustre príncipe de Europa le pidió permiso para titularse su amante. Creyó necesario rehusar a ambos esa prueba de estima que hubiese consagrado definitivamente su elegancia. Entre los jóvenes que solicitaron ser recibidos en casa de Violante, Lorenzo se hizo notar por su insistencia. Después de haberle causado tanto pesar, por ello mismo le inspiró algún asco. Y su bajeza lo alejó de ella mucho más de lo que lo consiguieran sus desdenes. “No tengo derecho a indignarme, decíase. No lo había querido en consideración a su grandeza de alma y sentía perfectamente, sin atreverme a confesarlo, que era vil. Eso no me impedía amarlo, sino solamente amar en la misma forma a la grandeza de alma. Pensaba que se podía ser vil y al mismo tiempo amable. Pero en cuanto ya no ama uno, vuelve a preferir la gente de corazón. Qué extraña esa pasión por ese malvado, ya que era totalmente cerebral y no tenía las disculpas de verse extraviada por los sentidos. El amor platónico es poca cosa”. Ya veremos que pudo considerar algo más tarde que el amor sensual era menos aún.


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