Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Así como en las comedias Scaramouche es jactancioso y Arlequín siempre palurdo, la conducta de Pasquino no es más que intriga, la de Pantalón, avaricia y credulidad; asimismo, la sociedad ha decretado que Guido es ingenioso aunque pérfido y no vacilaría en sacrificar a un amigo a costa de una ocurrencia; que Girolamo capitaliza, bajo las apariencias de una ruda franqueza, tesoros de sensibilidad; que Castruccio, cuyos vicios pueden escarnecerse, es el amigo más seguro y el más delicado de los hijos; que Yago, a pesar de diez libros hermosos, no es más que un aficionado, mientras que unos pocos y malos artículos de diarios han consagrado en seguida a Ercole como un escritor; que Césare debe pertenecer a la policía, ser reportero o espía. Cardenio es “snob” y Pippo no es más que un hombrecillo falso, a pesar de sus protestas de amistad. En cuanto a Fortunata —ya está convenido para siempre— es buena. La redondez de su gordura garantiza bastante la benevolencia de su carácter: ¿cómo una señora tan gruesa podría ser malvada?