El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Tienes ahí un piano, ¿por qué no haces que la chiquilla aprenda? ¡Siempre es un adorno! ¡Y mira que le puede ser muy útil!

El chantre conocía a un buen maestro, organista de la catedral de Évora, extremadamente desdichado: una hija única, muy hermosa, se le había escapado a Lisboa con un alférez; y pasados dos años, el Silvestre de la Plaza, que iba mucho a la capital, la había visto andando por la Rua do Norte, de garibaldi rojo y con albayalde en un ojo, acompañada por un marinero inglés. El anciano se sumió entonces en una gran melancolía, en una gran miseria; y por compasión le habían dado un empleo en el archivo diocesano. Era una figura triste de novela picaresca. Delgadísimo, alto como un pino, dejaba crecer hasta los hombros sus cabellos blancos y finos; los ojos, cansados, le lagrimeaban continuamente; pero su sonrisa resignada y bondadosa enternecía; y parecía muy pobre con su abrigo color vino que le llegaba sólo hasta la cintura y que tenía el cuello de astracán. Le llamaban «tío Cegonha» por su empinada delgadez y su aspecto solitario. Un día Amélia le había llamado «tío Cegonha» pero inmediatamente se mordió el labio, avergonzada.

El viejo sonrió:

—¡Llámeme así, mi querida señorita, llámeme así! ¿Tío Cegonha? ¿Y qué tiene de particular? Claro que soy cigüeña. ¡Y tan cigüeña!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker