El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era invierno. Las grandes lluvias y los vientos del suroeste no cesaban; la áspera estación oprimía a los pobres. Aquel año se veían familias hambrientas que iban al cabildo a pedir pan. El tío Cegonha iba siempre a mediodía a dar su lección; su paraguas azul dejaba un reguero en la escalera; tiritaba; y al sentarse escondía, con vergüenza de viejo, las botas empapadas con las suelas abiertas. Se quejaba sobre todo del frío en las manos, que le impedía herir con precisión el teclado y no le dejaba escribir en el archivo.

—Se me entumecen los dedos —decía tristemente. Pero cuando la Sanjoaneira le pagó el primer mes de lecciones, el anciano apareció muy contento, con unos gruesos guantes de lana.

—Ah, tío Cegonha, ¡qué calentito viene! —le dijo Amélia.

—Es por su dinero, mi querida señorita. Ahora estoy ahorrando para unos calcetines de lana. ¡Dios la bendiga, señorita, Dios la bendiga!

Y los ojos se le llenaron de lágrimas. Amélia se había convertido en «su querida amiguita». Ya le hacía confidencias: le hablaba de sus necesidades, de la añoranza de su hija, de sus días de gloria en la catedral de Évora, cuando delante del señor arzobispo, muy vistoso con su sobrepelliz color escarlata, acompañaba el Lausperene.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker