El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro De repente emitió un gemido dulce como un arrullo de ave, y se abandonaba cuando la voz aguda de doña Joaquina Gansoso gritó:
—¡Ya escampa! ¡Andando, andando!
Y Amélia, desprendiéndose, aturullada, corrió a refugiarse bajo el paraguas de su madre.
Al día siguiente, en efecto, Agostinho partió.
Habían llegado las primeras lluvias y, al poco tiempo, también Amélia, su madre, doña María da Assunção volvieron a Leiría.
Pasó el invierno.
Y un día en casa de la Sanjoaneira, doña María da Assunção anunció que Agostinho Brito, según le escribían desde Alcobaça, iba a contraer matrimonio con la hija de Vimeiro.
—¡Caramba! —exclamó doña Joaquina Gansoso—. ¡Pesca nada menos que sus buenos treinta contos! ¡Mira el pollo!
Y delante de todos, Amélia se echó a llorar.