El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Amaro, después de recitar rápidamente el ofertorio, limpiaba el cáliz con el purificador; el sacristán, un poco doblado de riñones, iba a buscar las vinajeras, se las presentaba, inclinado, y Amaro percibía el olor del aceite rancio que le rebrillaba en el cabello. En aquel momento de la misa, por un antiguo hábito de emoción mística, Amaro sentía un auténtico recogimiento: con los brazos abiertos se volvía hacia la iglesia, clamaba con amplitud la exhortación universal a la oración: Orate, frates! Y las viejas apoyadas en los pilares de piedra, de aspecto idiota, con la boca abierta, apretaban más las manos contra el pecho del que colgaban grandes rosarios negros. Entonces el sacristán se arrodillaba tras él, sosteniéndole levemente la capa con una de sus manos, levantando con la otra la campanilla. Amaro consagraba el vino, alzaba la hostia —Hoc est enim corpus meum!—, elevando mucho los brazos hacia el Cristo lleno de llagas amoratadas sobre su cruz de ébano; la campanilla sonaba lentamente; las manos golpeaban cóncavas sobre los pechos; y en el silencio se escuchaba el rodar de los carros de bueyes, su traqueteo, de vuelta del mercado, sobre el paseo empedrado de la catedral.

—Ite missa est —decía finalmente Amaro.

—Deo gratias! —respondía el sacristán, suspirando profundamente, con el alivio de la obligación cumplida.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker