El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y le ponía la mano en el hombro, y sus ojos se encontraban.

Con las piernas estiradas y la servilleta sobre el estómago, Amaro se sentía cuidado, disfrutaba mucho en el buen calor de la sala; después del segundo vaso de Bairrada se volvía expansivo, hacía chistes; incluso algunas veces, con un brillo tierno en la mirada, tocaba fugitivamente el pie de Amélia por debajo de la mesa; o adoptando un tono sentimental, decía «que mucho le pesaba no tener una hermanita así».

A Amélia le gustaba mojar la miga del pan en la salsa del guiso; su madre le decía siempre:

—Me repugna que hagas eso delante del señor párroco.

Y él, entonces, riendo:

—Pues mire, a mí también me gusta. ¡Qué simpatía! ¡Qué magnetismo!

Y ambos mojaban el pan y reían muy alto, sin motivo. Pero la tarde declinaba, la Ruca traía la lamparilla. El brillo de los vasos y las lozas alegraba a Amaro, lo enternecía más; llamaba «mamá» a la Sanjoaneira; Amélia sonreía con la mirada baja, mordiendo con la punta de los dientes cáscaras de mandarina. Al poco rato llegaba el café; y el padre Amaro se quedaba mucho tiempo partiendo nueces con el mango del cuchillo, y quebrando la ceniza del cigarro en el borde del platillo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker