El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Oyó entonces los pasos de João Eduardo, que bajaba, y el rumor de las faldas de Amélia. Corrió a espiar por la cerradura, clavando los dientes en el labio, celoso. La puerta se cerró, Amélia subió canturreando en voz baja. Pero la sensación de amor místico que lo había penetrado durante un momento, ante la visión de la noche, ya había pasado; y se acostó, con un deseo furioso de ella y de sus besos.