El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Y con la confesión —dijo el padre Natário—. La cosa entonces va a través de las mujeres, ¡pero va segura! De la confesión se saca mucho partido.
El padre Amaro, que había estado callado, dijo gravemente:
—Pero, en fin, la confesión es un acto muy serio, y que se utilice así, para unas elecciones…
El padre Natário, que tenía dos rosetones rojos en las mejillas y los gestos excitados, soltó una frase imprudente:
—Pero ¿usted se toma la confesión en serio?
Hubo una gran sorpresa.
—¿¡Que si me tomo la confesión en serio!? —gritó el padre Amaro, haciendo retroceder la silla, con los ojos muy abiertos.
—¡Pero hombre! —exclamaron—. ¡Venga, Natário! ¡Venga, chiquillo!
El padre Natário, alterado, quería explicarse, quitar hierro al asunto:
—¡Escuchad, criaturas de Dios! ¡No quiero decir que la confesión sea una broma! ¡Por favor! Yo no soy masón. Lo que quiero decir es que es un medio de persuasión, de saber qué pasa, de dirigir el rebaño hacia aquí o hacia allí… Y cuando es para el servicio de Dios, es un arma. Eso es lo que es: ¡la absolución es un arma!
—¡Un arma! —exclamaron.