El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y seguía viviendo solo; el canónigo nunca iba a la Rua das Sousas, «porque», decía, «era una casa que sólo entrar en ella se le revolvía el estómago». Y Amaro, cada día más resentido, no había vuelto a casa de la Sanjoaneira. Se había escandalizado mucho de que ella no le hubiese mandado recado para que fuese a las partidas de los viernes; atribuía «el desastre» a la hostilidad de Amélia; y, para no verla, hasta había cambiado con el padre Silvério la misa del mediodía, a la que ella solía ir, y decía la de las nueve, ¡enfurecido sobremanera por aquel nuevo sacrificio!

Todas las noches Amélia, al oír tocar la campanilla, sentía una palpitación tan fuerte en su corazón que por un momento se quedaba como sin respiración. Después, los botines de João Eduardo rechinaban en la escalera, o reconocía las pisadas fofas de los chanclos de las Gansoso; se recostaba entonces en el respaldo de la silla, cerrando los ojos, como fatigada por una decepción repetida. Esperaba al padre Amaro; y algunas veces, alrededor de las diez, cuando ya no era posible que él llegase, su melancolía era tan profunda que la garganta se le entumecía en un sollozo, tenía que dejar la costura, decir:

—Voy a acostarme, ¡tengo un dolor de cabeza que no aguanto!

Se arrojaba de bruces en la cama, murmuraba en una agonía:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker