El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —¡Hola, señorita Amélia! No, una broma del soldado. Le tiró un ratón muerto a la cara y la mujer está montando este escándalo. ¡Cosas de borrachos!
Pero la joven del garibaldi rojo se había girado y Amélia, aterrorizada, reconoció a Joaninha Gomes, su amiga de los días de la escuela, ¡la que había sido amante del padre Abilio! El cura, suspendido, la había abandonado; ella se fue a Pombal, después a Oporto; de miseria en miseria había regresado a Leiría y allí vivía en alguna callejuela cercana al cuartel, tuberculosa, ¡gastada por todo un regimiento! Qué ejemplo, santo Dios, qué ejemplo…