El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro ¡Y también a ella le gustaba un cura! ¡También ella, como otrora Joaninha, lloraba sobre su labor cuando el padre Amaro no venía! ¿Adónde la conducía aquella pasión? ¡A la suerte de Joaninha! ¡A ser «la amiga del párroco»! Y ya se imaginaba señalada con el dedo, en la calle y en la arcada, después abandonada por él, con un hijo en las entrañas, ¡sin un pedazo de pan!… Y como una ráfaga de viento que limpia en un instante un cielo nublado, el terror agudo que le había causado el encuentro con Joaninha barrió de su espíritu las nieblas amorosas y mórbidas en las que se iba perdiendo. Decidió aprovechar la separación, olvidar a Amaro; decidió incluso apresurar su boda con João Eduardo para refugiarse en un deber superior; durante algunos días se obligó a interesarse por él; hasta empezó a bordarle unas chinelas…