El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Allí estaba João Eduardo, en una esquina, ignorado, al lado de la Gansoso sorda, que dormía con la boca abierta; toda la noche su mirada había buscado en vano la de Amélia, que no se movía, el rostro sobre el pecho, las manos en el regazo, doblando y desdoblando su pañuelito de Cambray. El padre Amaro y el canónigo Dias habían llegado a las nueve. El párroco, con pasos solemnes, fue a decirle a la Sanjoaneira:

—Señora mía, el golpe es grande. Pero consolémonos pensando que su buena hermana está en este momento gozando de la compañía de Jesucristo.

Hubo alrededor un murmullo de sollozos; y como no quedaban sillas, los dos eclesiásticos se sentaron en las dos esquinas del canapé, con la Sanjoaneira y Amélia en el medio, llorando. Eran así reconocidos como personas de la familia; doña María da Assunção le dijo en voz baja a doña Joaquina Gansoso:

—¡Ay, hasta da gusto verlos así a los cuatro!

Y hasta las diez continuó la noche de pésames, lúgubre y somnolienta, apenas perturbada por la tos incesante de João Eduardo, que estaba constipado y que (en opinión de doña Josefa Dias, que se lo dijo después a todos) «tosía sólo para hacer burla y para reírse del respeto a los muertos».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker