El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —¡Señor João Eduardo, verdaderamente está usted abusando! ¿Pues no viene a pedirme que transforme un periódico de ideas en un periódico de difamaciones? ¡Venga, no se detenga! ¡Pídame que insulte los principios de la religión, que haga mofa del Redentor, que repita las babosadas de Renan, que ataque las leyes fundamentales del Estado, que injurie al rey, que vitupere la institución familiar! ¡Usted está bebido!
—¡Oh, señor doctor!
—¡Usted está bebido! Cuidado, mi querido amigo, cuidado, ¡mire que va por una pendiente! Es por ese camino por donde se llega a perderle el respeto a la autoridad, a la ley, a las cosas santas y al hogar. ¡Es por ese camino por donde se llega al crimen! No hace falta que abra tanto los ojos… ¡Al crimen, se lo digo yo! Tengo la experiencia de veinte años de foro. ¡Pare un poco, hombre! ¡Refrene esas pasiones! ¡Uf! ¿Qué edad tiene usted?
—Veintiséis años.