El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Ni en el otro. Yo no necesito a los curas en el mundo, porque no necesito a Dios en el cielo. Con esto quiero decir, amigo mío, que yo tengo mi Dios dentro de mí, esto es, el principio que dirige mis acciones y mis juicios. Vulgo, conciencia… Tal vez no lo comprendas bien… El hecho es que estoy aquí exponiendo doctrinas subversivas… Y la verdad es que ya son las tres…
Y le mostró el reloj de bolsillo.
En la puerta del patio, João Eduardo todavía le dijo:
—Entonces disculpe, señor doctor.
—No hay de qué… ¡Manda de una vez al diablo la Rua da Misericórdia!
João Eduardo lo interrumpió con vehemencia:
—Eso es fácil de decir señor doctor, ¡pero cuando la pasión lo roe a uno por dentro!…