El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Lo que le contaré, cuando haya una revolución, va a ser entrarle aquà con la espingarda al hombro y montarle un consejo de guerra, ¡capitalista!
—Pues mientras eso no llegue, la cosa es beber, beber en abundancia —dijo el tÃo Osõrio retirándose con pachorra.
—¡Hipopótamo! —murmuró el tipógrafo.
Y como adoraba las discusiones, volvió a empezar, sosteniendo que el hombre embelesado por unas sayas no tiene firmeza en sus convicciones polÃticas…
João Eduardo sonreÃa tristemente, con una negación muda, pensando que, a pesar de su pasión por Amélia, ¡no se habÃa confesado en los últimos dos años!
—¡Tengo pruebas! —gritaba Gustavo.
Citó a un librepensador amigo suyo que, para mantener la paz doméstica, se sometÃa a ayunar los viernes y a allanar los domingos el camino de la capilla con el rastrillo bajo el brazo…