El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Es que ahora llueve a cántaros —dijo Amaro—. Me parece que lo mejor es entrar en el patio de mi casa y esperar un poco…
—¡No, no! —dijo Amélia.
—¡Tonterías! —exclamó él, impaciente—. Se le va a estropear el vestido… Es un momento, es un chaparrón. Por aquella parte, ¿ve?, está escampando. Pasa pronto… Es una locura… Su mamá, si la viese aparecer empapada, se enfadaría, ¡y con razón!
—¡No, no!
Pero Amaro se detuvo, abrió rápidamente la puerta y empujando a Amélia con suavidad:
—Es un instante, pase enseguida, entre…