El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro ¡Hasta en los manuales encontraba la obsesión por la mujer! ¿Qué criatura era aquélla que, a lo largo y a lo ancho de la teología, era unas veces elevada al altar como reina de la gracia, y otras veces maldecida con apóstrofes bárbaros? ¿Qué poder era el suyo que la legión de los santos ora se arracima junto a ella, en extática pasión, otorgándole por aclamación el gran reino de los cielos, ora huye ante su presencia como del enemigo universal, entre sollozos de terror y gritos de odio y, escondiéndose en las tebaidas y en los claustros para no verla, muere allí del mal de haberla amado? Sentía, sin definirlas, estas perturbaciones que renacían y lo desmoralizaban continuamente; y ya antes de haber hecho sus votos, desfallecía con el deseo de quebrantarlos.