El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Y a su alrededor notaba las mismas rebeliones de la naturaleza: los estudios, los ayunos, las penitencias podÃan domar el cuerpo, producir en él hábitos maquinales, pero por dentro se movÃan silenciosamente los deseos, como serpientes tranquilas en su nido. Los que más sufrÃan eran los sanguÃneos, tan dolorosamente constreñidos por la regla como sus gruesas muñecas plebeyas por los puños de la camisa. Asà cuando estaban solos, el temperamento irrumpÃa: se peleaban, medÃan sus fuerzas, provocaban tumultos. En los linfáticos la naturaleza reprimida producÃa grandes melancolÃas, silencios indolentes: se vengaban entonces en el amor por los pequeños vicios: jugar con una vieja baraja, leer una novela, conseguir un paquete de cigarrillos tras demoradas intrigas. ¡Son tantos los encantos del pecado!