El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —¡Oh, señor párroco! —dijo el campanero, casi ofendido.
—¡Cuento con usted! —dijo Amaro.
Fue después a la sacristía a escribir un billete que debería pasarle en secreto a Amélia, en el que le explicaba detalladamente «el arreglito que había hecho para gozar nuevas y divinas felicidades». La avisaba de que el pretexto para que ella fuese todas las semanas a casa del campanero debía ser la educación de la paralítica: él mismo lo propondría aquella noche, en casa de su madre. «Que en esto, decía, hay alguna verdad, pues sería grato a Dios que se iluminase con una buena instrucción religiosa las tinieblas de aquella alma. Y matamos así, querido ángel, dos pájaros de un tiro.»