El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Para Dios no hay pobre ni rico —suspiró la Sanjoaneira—. ¡Mejor el pobre, que de los pobres es el reino de los cielos!
—No, mejor rico —interrumpió el canónigo, extendiendo la mano para detener aquella falsa interpretación de la ley divina—. Que el cielo también es para los ricos. Usted no entiende el precepto. Beati pauperes, benditos los pobres, quiere decir que los pobres deben sentirse felices en la pobreza; no desear los bienes de los ricos; no querer más que el trozo de pan que tienen; no aspirar a participar de las riquezas de los otros, bajo pena de no ser benditos. Es por eso, sépalo usted, que esa canalla que predica que los trabajadores y las clases bajas deben vivir mejor de lo que viven va en contra de la expresa voluntad de la Iglesia y de Nuestro Señor, ¡y no merecen otra cosa que un bastonazo, como excomulgados que son! ¡Uf!