El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —En fin —resumió doña Maria da Assunção volviéndose hacia Amélia—, no te digo más que una cosa: ¡lo has conseguido!
La Ruça entró con la bandeja, en medio de las risas provocadas por «la locura de doña MarÃa», como dijo Amélia, que se habÃa puesto muy colorada. Y asà fue como ella y el padre Amaro pudieron verse libremente, para gloria del Señor y humillación del enemigo.