El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Ella había quedado aniquilada al borde de la cama, presa aún de grandes sollozos. Había llegado por fin el castigo, la venganza de Nuestra Señora que ella había notado que se preparaba hacía tiempo, como una tormenta complicada, en lo profundo de los cielos. Allí estaba ahora, ¡peor que las llamas del purgatorio! ¡Tenía que separarse de Amaro, a quien creía amar más, e irse a vivir con el otro, con el excomulgado! ¿Cómo podría volver a estar nunca en gracia de Dios después de haber dormido y vivido con un hombre al que los cánones, el Papa, toda la tierra, todo el cielo consideraban maldito?… Y ése debía ser su marido, tal vez el padre de otros hijos… ¡Ah, la venganza de Nuestra Señora era excesiva!
—Amaro, ¿y cómo puedo casarme con él, si está excomulgado?
Entonces Amaro se apresuró a tranquilizarla, prodigando los argumentos. No había que exagerar… El muchacho, realmente, no estaba excomulgado… Natário y el canónigo habían interpretado mal los cánones y las bulas… Pegarle a un sacerdote que no estaba vestido no era motivo de excomunión ipso facto, según ciertos autores… Él, Amaro, era de esa opinión… Además, podía levantársele la excomunión.