El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro En aquella época vivía en un estado de ánimo muy sosegado. Los furores que en el seminario le causaba la continencia se habían calmado con los favores obtenidos en Feirão de una gorda pastora, cuya imagen tocando a misa los domingos, colgada de la cuerda de la campana, girando en sus faldas de lana marrón y con la cara enrojecida, a punto de reventar, gustaba mucho a Amaro. Ahora, sereno, tributaba puntualmente al cielo las oraciones que ordena el ritual, tenía la carne contenta y callada y buscaba establecerse satisfactoriamente.
Transcurridos quince días fue a casa de la señora condesa.
—No está —le dijo un palafrenero.