El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro ¿De qué le servia ser un hombre con sangre en las venas y con las fuertes pasiones de un cuerpo sano? Tenía que decir adiós a la muchacha, verla partir del brazo del otro, del marido, irse los dos a casa a jugar con su hijo, ¡un hijo que era suyo! Y él asistiría a la destrucción de su alegría de brazos cruzados, esforzándose por sonreír, volvería a vivir solo, eternamente solo, y a releer el breviario… ¡Ah! ¡Si estuviese en la época en que se eliminaba a un hombre con una denuncia de herejía!… Que el mundo retrocediese doscientos años y entonces iba a enterarse el señor João Eduardo de lo que costaba burlarse de un cura y casarse con la señorita Amélia…